Desarrollo con empleo genuino

“Con la acción articulada del sector público y privado cambiamos la matriz productiva de La Rioja y generamos trabajo de calidad“.

Cuando una provincia no logra desarrollar sus fuerzas productivas, insertarse con cierto protagonismo en los mercados nacionales y mundiales se vuelve una quimera.

Sin comercio y sin exportaciones aumenta el desempleo, y con él la pobreza y la desesperanza. Algunos piensan que contra esa realidad no se puede hacer nada y se resignan. Otros proponen salidas rápidas y fáciles que no solo no solucionan el problema, sino que lo terminan agravando. Uno de esos caminos falsos se siguió durante mucho tiempo en mi provincia, donde se implantó un modelo político-económico que reducía a La Rioja a la función exclusiva de ser proveedora de mano de obra para las regiones metropolitanas y pampeanas. La otra alternativa, también conocida por muchos, es la de un Estado que “regala” empleo público a través de mecanismos poco transparentes. Pero ninguna de estas políticas genera lo que todas las regiones necesitan: desarrollo.

Apenas asumimos la gobernación supimos que no íbamos a aceptar ese destino tan indigno para nuestra gente y nuestra tierra. Por eso emprendimos un nuevo rumbo con metas de desarrollo económico provincial con inclusión social. La primera tarea en ese sentido fue cambiar la matriz productiva, instalando en La Rioja un polo de industrias agroalimentarias a través de las SAPEM. Con la acción articulada del sector público y privado constituimos empresas que agregaron valor a la producción de la tierra, generaron puestos de trabajo y dinamizaron la actividad de los servicios asociados. El resultado fue la creación de empleo genuino y de calidad en cada pueblo de la provincia.

Pero además de esta política que transformó económica y socialmente a La Rioja, se implementaron otras medidas con el objetivo de desarrollar una cultura del esfuerzo y del trabajo. En ese sentido se promovió el cooperativismo en la construcción de viviendas a través de un programa por el cual personas que se encontraban desocupadas o que percibían un beneficio social conformaron pequeñas unidades de 16 personas que se hicieron cargo de la edificación. También se formó, capacitó y organizó en cooperativas a 1.200 personas desempleadas de barrios postergados de la capital provincial para que ejecutaran obras de saneamiento y parquización de banquinas, refacción y pintura de edificios públicos, limpieza de arroyos, construcción de veredas, sendas peatonales y bicisendas. Y se dotó de financiación a distintas familias que venían desarrollando microemprendimientos artesanales para que pudieran dar un salto de calidad.

De esta manera llegamos al final de la gestión con un índice de ocupación muy alto. Pero lo que es más importante y que ninguna cifra suele indicar es que se trata de trabajo verdadero y productivo. Por eso el horizonte de los trabajadores riojanos es muy distinto al que percibíamos hace no demasiados años atrás.

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